Colombia logró una reducción significativa de la pobreza durante el año 2025, al cerrar con una tasa de pobreza monetaria del 28 por ciento y una pobreza extrema del 9,6 por ciento, según las cifras publicadas por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane). Este descenso, que representa una mejora frente al 31,8 por ciento y 11,7 por ciento registrados en 2024 respectivamente, estuvo impulsado principalmente por el incremento en los ingresos laborales de los hogares, tal como lo señaló la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (Anif) en su análisis “Ingresos, ocupación y pobreza monetaria”. En total, aproximadamente 1.791.000 personas lograron superar la línea de pobreza monetaria, mientras que cerca de 1.000.000 dejaron atrás la pobreza extrema.
La medición del Dane establece que la línea de pobreza monetaria nacional se ubicó en cerca de 435.000 pesos mensuales por persona, mientras que el umbral de pobreza extrema se fijó por debajo de los 160.000 pesos mensuales. El análisis de Anif, que desglosó los ingresos por quintiles, evidencia que el efecto positivo del empleo fue más marcado en las familias más desfavorecidas, lo que sugiere un vínculo virtuoso entre el dinamismo del mercado laboral y la movilidad económica. “La menor incidencia de la pobreza estuvo acompañada principalmente por un incremento en los ingresos laborales de los ciudadanos”, afirmó el centro de pensamiento en su estudio.
Advertencias sobre la informalidad y la calidad del empleo
A pesar de los avances, la Anif advierte sobre la fragilidad de este progreso, dado que el 55 por ciento de los empleos en Colombia aún se encuentran en la informalidad. “Como hemos alertado en otras entregas, vemos con preocupación que muchas de las ocupaciones creadas en el 2026 se ubican en sectores de baja productividad y con menores salarios”, señaló la entidad. Esta concentración de los nuevos puestos en actividades de baja productividad pone en riesgo la sostenibilidad de la reducción de la pobreza, ya que sin empleos formales y estables, los ingresos laborales podrían no mantenerse en el tiempo.
Las ciudades principales como Bogotá, Medellín y Cali mostraron mejoras tanto en los indicadores de pobreza como en las tasas de ocupación, consolidando la tendencia positiva. Sin embargo, Quibdó se convirtió en un caso de preocupación al registrar un aumento de 2,1 puntos porcentuales en la pobreza monetaria y una caída de 0,3 puntos porcentuales en la ocupación. Esta situación obedece a factores estructurales como la inseguridad alimentaria que afecta al 56,8 por ciento del departamento del Chocó, sumado a los efectos climáticos que han golpeado la región.
“A partir de la información anterior, es posible argumentar el vínculo virtuoso entre el dinamismo del mercado laboral y la reducción de la pobreza”
Anif, Estudio “Ingresos, ocupación y pobreza monetaria”
Frente a este panorama, las recomendaciones de política pública de la Anif enfatizan la necesidad de generar empleos formales, estables y de mayor valor agregado para sostener la movilidad económica alcanzada. El centro de pensamiento insiste en que, sin una transformación estructural del mercado laboral que reduzca la informalidad y mejore la productividad, las cifras de reducción de pobreza podrían ser reversibles. Para los analistas, la clave está en que el crecimiento del empleo no solo sea cuantitativo, sino que también mejore la calidad de las ocupaciones, especialmente en las regiones más rezagadas como el Chocó.












