Por HERNANDO AYALA MELGAREJO
La inferioridad cognitiva por vanidad maligna, encaminó el rumbo de la estructura burocrática y función pública en una deriva delirante de turbamulta ingobernable sedada por el placebo de la estupefacción inducida. TecnoEmburundangamiento IA, aupado por el perifoneo mediático de los midas corsarios naranja y sus pregoneros baratos.

El ínfimo sátrapa reinaba en su narcisismo maligno lejos de entender la dimensión del daño que causaba desbordado en su obsesión compulsiva por figurar como superhéroe de «ciudad gótica soñada», en el imperio legión de caricaturescos personajillos de su estirpe ficción. Estaba seguro que sólo, con su complejo de excepcionalidad pisando a todos sus subordinados, demostraría que llegó el superman que faltaba. Su cobardía de blindaje show le afianzaba el cañazo de su delirio.
Pan comido en su avivatez. Si había hackeado y saqueado la comida de los niños del vecino, en el rancho sería más fácil. Su «neurodivergencia retorcida», era más dura para él que la de su antecesor. Él podía con todo por la fuerza en su delirio pistolero. El atraso cognitivo de tantos que se veían en su espejo, fogoneaban su algoritmo demencial. Dopado encapsulado en su delirio, juraba seguro de que todo le resbalaría por su capacidad de perfidia demostrada en quienes se dejaron entrampar en su trayectoria. Algo despojó de cada torpe que confió en su embaucamiento. Todo era espurio y plagio rapaz.
Irremediable, lo tendrían que soportar hasta que sus patrones mandaran a llevarlo a su recaudo. Nada auguraba buen término para semejante despropósito. El trastorno obsesivo compulsivo de su codicia imperial bananera, lo despeñaría por el hastío de sus patrones. Más boleta y ruido que la de su primera baja embolsada en blanco manchado menor, lo llevarían seguro a donde corresponde.
Sísifo y la historia de la violencia le enseñarían que no hay milagros falsos para engañarlos a todos. Ningún imperio anómalo, mafioso, sometió a quien no transó ni aceptó ser sometido. Ni en Afganistán ni en ninguna tierra rara. Menos aún en territorio de templanza, vida y autodeterminación irreductible.
Al final del día, el ínfimo personajillo caricaturesco, quedará en su lugar sin nombre. Nunca se hallaría sobrio en el desespero toc toc obsesivo compulsivo que lo consume. Lo suyo era la infamia, mezquindad, falacia y traición. Cuestión de tiempo…
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