Sin acuerdo, presidencias del Congreso para 2026-2030 se elegirán a voto limpio

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El próximo 20 de julio de 2026, el Congreso de la República definirá sus mesas directivas para el primer año legislativo del período 2026-2030 a través del mecanismo conocido como “a voto limpio”, una votación abierta sin acuerdo previo entre las bancadas. Esta decisión se toma ante la falta de consenso entre los partidos políticos, luego de que se rompieran los acuerdos que tradicionalmente permiten elegir a los presidentes del Senado y la Cámara de Representantes mediante pactos de gobernabilidad. La situación refleja una profunda fractura interna entre las colectividades, que no lograron conciliar las aspiraciones de los distintos sectores para ocupar los cargos de liderazgo en el Legislativo.

En el Senado, los candidatos son Alfredo Deluque, del Partido de la U, y Honorio Henríquez, del Centro Democrático. Según los conteos previos, Deluque cuenta con el respaldo de 51 votos, provenientes de los partidos Conservador, Liberal, Alianza por Colombia, Cambio Radical, Salvación Nacional y las curules indígenas. Por su parte, Henríquez solo tiene el apoyo de 18 congresistas, correspondientes a la bancada del Centro Democrático y el senador Jota Pe Hernández. En la Cámara de Representantes, la disputa se centra entre Nicolás Barguil, del Partido Conservador, y Daniel Briceño, del Centro Democrático, con una ventaja numérica similar para el primero, aunque varias colectividades aún no definen su postura.

Un mecanismo inusual que expone fracturas

La elección “a voto limpio” es un escenario poco habitual en el Congreso colombiano, donde la Ley 5 de 1992 establece que el funcionamiento legislativo debe basarse en acuerdos políticos previos entre bancadas para integrar mesas directivas y comisiones, buscando evitar fracturas internas. Sin embargo, la ruptura de estos acuerdos, ya sea porque una colectividad no respeta el turno pactado para otra o por disidencia interna cuando un sector de congresistas se aparta del candidato oficial de su partido, ha llevado a esta votación abierta. En este mecanismo, cada legislador deposita su voto en una urna evaluada por una terna designada previamente, y la votación puede ser secreta o nominal, dejando expuestas las alianzas y divisiones políticas.

El partido Centro Democrático, al ser la primera colectividad en declararse como parte del gobierno electo y contar con la mayor representación en el Congreso, reclama el derecho a presidir ambas corporaciones. Sin embargo, la mayoría de los partidos respaldan a los candidatos avalados por el presidente electo, Abelardo de la Espriella, lo que ha generado una tensión que podría afectar la gobernabilidad. Colectividades como el Pacto Histórico, que cuenta con 26 escaños en el Senado y 43 en la Cámara, así como la alianza Mira y Dignidad y Compromiso, con cinco curules en el Senado, aún no definen su postura, lo que podría inclinar la balanza en los próximos días.

“La elección a voto limpio es un reflejo de la falta de diálogo y de la ruptura de los pactos que históricamente han garantizado la estabilidad del Congreso. Este mecanismo, aunque previsto en la ley, es una señal de alarma para la gobernabilidad del país”, señalaron analistas políticos consultados por este diario.

Fuentes consultadas por La Veintitrés Manizales

La definición de las mesas directivas del Congreso será clave para el desarrollo del primer año legislativo del período 2026-2030, pues de ello depende la agenda legislativa y la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo. Mientras tanto, los partidos políticos continúan en intensas negociaciones de último minuto, buscando evitar que la votación abierta profundice las divisiones y ponga en riesgo la gobernabilidad del país.

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