La diferencia entre un terremoto que deja devastación y otro que, pese a su fuerza, no repite la misma tragedia, radica en factores geológicos y estructurales que marcaron la comparación entre el sismo del 10 de agosto de 2026 en Chocó y el devastador terremoto de Armenia de 1999. Mientras el evento reciente registró una magnitud de 7,4, la más alta en Colombia durante el siglo XXI, su impacto en superficie fue considerablemente menor al del sismo de 6,1 que hace 27 años arrasó la capital quindiana. La explicación, según coinciden los expertos, se encuentra en una combinación de profundidad, distancia y, posiblemente, mejoras en la construcción local.
El terremoto del lunes, cuyo epicentro se localizó a 12 kilómetros de San José del Palmar, en el Chocó, liberó una cantidad de energía mucho mayor que su predecesor, pero ocurrió a 103 kilómetros de profundidad. En contraste, el sismo de 1999 fue superficial y golpeó directamente a Armenia. Flover Rodríguez Portillo, director de la Asociación Colombiana de Geólogos y Geofísicos de la Energía, explicó que «el de 1999, aunque liberó menos energía, fue mucho más superficial y ocurrió muy cerca de Armenia, por lo que la intensidad del movimiento y sus efectos en la ciudad fueron devastadores». El experto añadió que «el de hoy liberó mucha más energía en su fuente, pero ocurrió a mayor profundidad y distancia. Por eso Armenia pudo sentirlo fuertemente sin experimentar necesariamente la misma intensidad ni el mismo nivel de daño».
Las lecciones del desastre de 1999
Los números reflejan con crudeza las diferencias. El terremoto de 1999 dejó un saldo de 1.185 fallecidos, 8.536 heridos y aproximadamente 21.000 viviendas destruidas en Armenia y sus alrededores. El sismo del 10 de agosto, a pesar de su magnitud, ha causado hasta el momento 181 fallecidos y 1.310 heridos, con más de 1.500 viviendas dañadas y 153 edificios colapsados en diversas ciudades, además de afectaciones en seis aeropuertos. Aunque la cifra de víctimas y daños sigue siendo grave, la magnitud del desastre no se compara con la catástrofe de 1999.
«Armenia aprendió, lamentablemente, de la peor manera posible pues ese terremoto de 1999 Armenia quedó totalmente destruida con una serie de informes de diferentes agencias incluso norteamericanas que concluyeron que la vivienda que terminó colapsando era antigua y se construyó fuera de los lineamientos de las normas sismo resistentes debido a la edad de los edificios y, en consecuencia, tuvieron que hacerla de cero».
Federico Núñez, profesor de Ingeniería Civil Universidad Javeriana
Federico Núñez, profesor de Ingeniería Civil de la Universidad Javeriana, recordó que la tragedia de 1999 fue un punto de inflexión. La reconstrucción posterior reforzó las normas sismorresistentes, los estudios de suelo y la planificación urbana en Armenia, una lección que ahora podría estar rindiendo frutos. Sin embargo, Rodríguez Portillo advierte que «todavía es temprano para atribuir las menores afectaciones de hoy exclusivamente a esas mejoras». No obstante, el director de la asociación de geólogos señaló que «si las evaluaciones definitivas confirman que Armenia tuvo un buen desempeño frente al movimiento de hoy, sí tendremos una oportunidad extraordinaria para estudiar qué funcionó: las normas, la reconstrucción posterior a 1999, el conocimiento de los suelos, el reforzamiento de edificaciones, la preparación institucional y la cultura sísmica de una población que conserva una memoria muy fuerte de aquel desastre».
Mientras el Servicio Geológico Colombiano advierte sobre la posibilidad de nuevas réplicas y las autoridades mantienen en alerta roja a ciudades como Cali, Pereira, Manizales, Armenia y Quibdó, los expertos insisten en que la vulnerabilidad de las viviendas antiguas, construidas sin normas sismorresistentes, sigue siendo una lección clave de 1999 que no debe olvidarse. Las inspecciones técnicas de los próximos días serán cruciales para determinar el desempeño de las construcciones reforzadas después de aquella tragedia, así como para evaluar si el conocimiento acumulado ha salvado vidas.
«Los terremotos no se pueden evitar, pero las tragedias no tienen por qué repetirse con la misma dimensión. La memoria del desastre, cuando se convierte en conocimiento geológico, mejores construcciones, ordenamiento territorial y preparación ciudadana, salva vidas».
Flover Rodríguez Portillo, director Asociación Colombiana de Geólogos y Geofísicos de la Energía










