El docente Iván Unigarro, de la Facultad de Estudios Jurídicos, Políticos e Internacionales de la Universidad de La Sabana, analizó para Infobae Colombia las claves de la segunda vuelta presidencial que se disputará el próximo 21 de junio, advirtiendo que los votos obtenidos por los candidatos eliminados en la primera vuelta no se trasladan de manera automática a los contendientes. En la primera vuelta del 31 de mayo, Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda se impusieron con cerca de 10 millones y 9 millones de votos respectivamente, mientras que Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo quedaron en tercer lugar, representando una opción de centro-derecha. Ahora, con unos 5 millones de votos en disputa —descontando los sufragios en blanco, nulos y sin marcar, que rondaron los 700 mil—, la diferencia entre ambos candidatos según encuestas recientes es de aproximadamente siete puntos porcentuales.
Traslado de votos no es automático
Unigarro fue enfático al señalar que «si algo nos enseñan las elecciones en Colombia es que sumar votos como quien suma figuritas del mundial no es ni acertado ni responsable». En su análisis, el académico explicó que aunque buena parte del caudal electoral de Paloma Valencia —que rondaría el 80%— podría trasladarse a De la Espriella, «otra porción no menor puede terminar votando en blanco o, simplemente, quedándose en casa». Como ejemplo histórico, recordó el balotaje de 2010 entre Juan Manuel Santos y Antanas Mockus: Mockus obtuvo 3,5 millones de votos en segunda vuelta, menos de la mitad de los que sumaban él mismo (3,1 millones) más los de Gustavo Petro (1,4 millones) en la primera vuelta. «Los votos de Paloma Valencia son, en su mayoría, votos de opinión y particularmente votos que buscan proteger la institucionalidad», matizó el experto.
«Si algo nos enseñan las elecciones en Colombia es que sumar votos como quien suma figuritas del mundial no es ni acertado ni responsable. Dicho eso, la respuesta concreta es no. Los votos de Paloma Valencia son, en su mayoría, votos de opinión y particularmente votos que buscan proteger la institucionalidad. Aunque buena parte de ese caudal, probablemente el 80% se traslade a Abelardo de la Espriella, otra porción no menor puede terminar votando en blanco o, simplemente, quedándose en casa.»
Iván Unigarro, docente de la Universidad de La Sabana
Voto en blanco: impacto limitado
En cuanto al voto en blanco, que en primera vuelta alcanzó 1,55%, Unigarro estimó que en segunda vuelta podría acercarse al 4%, tomando como referencia el antecedente de 2014 cuando llegó a 5,9%. «Importan, sí, pero no tanto como suele asumirse», indicó. El docente destacó que la historia electoral desde la Constitución de 1991 muestra que solo en una de ocho ocasiones —la de 2014— el segundo en primera vuelta logró remontar y ganar el balotaje. «En síntesis: desde que existe el balotaje en Colombia, quien gana la primera vuelta gana la elección en cinco de ocho ocasiones», apuntó.
«Importan, sí, pero no tanto como suele asumirse. La historia electoral colombiana ayuda a poner esto en perspectiva. En las elecciones presidenciales celebradas desde la Constitución de 1991, solo en una, la de 2014, el segundo de la primera vuelta logró remontar y ganar el balotaje. En las demás, el ganador de la primera vuelta terminó siendo el presidente electo. En síntesis: desde que existe el balotaje en Colombia, quien gana la primera vuelta gana la elección en cinco de ocho ocasiones.»
Iván Unigarro, docente de la Universidad de la Sabana
Prioridad: convencer a los que no votaron
Para Unigarro, la prioridad de las campañas debe centrarse en persuadir a los ciudadanos que no acudieron a las urnas en primera vuelta —se proyectan cerca de 25 millones de votantes el 21 de junio— más que intentar cambiar la decisión de quienes ya votaron en blanco. Asimismo, recordó que las maquinarias políticas tenderán a apoyar al candidato con más opciones de ganar, lo que podría inclinar la balanza en los últimos días de campaña.
Con estos elementos, el escenario para la segunda vuelta del 21 de junio se presenta incierto, aunque la diferencia en las encuestas favorece a Abelardo de la Espriella. Sin embargo, el llamado del analista es a no dar por sentados los apoyos, pues la movilización del electorado indeciso y la capacidad de las campañas para seducir a quienes se quedaron en casa serán determinantes para definir quién ocupará la Casa de Nariño.











