Cabello de escultura del Señor de la Agonía en Bogotá «crece» por mantenimiento y donaciones

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En el corazón del centro histórico de Bogotá, en la Iglesia de San Francisco ubicada en la Avenida Jiménez número 7-10 con carrera Séptima, la escultura del Señor de la Agonía ha capturado la atención de feligreses y visitantes frecuentes por la creencia popular de que su cabellera de cabello humano real crece de manera milagrosa. Esta imagen hiperrealista de Jesucristo crucificado en sus últimos momentos antes de morir, donada hace más de 40 años, comenzó a ganar notoriedad hace aproximadamente 25 años debido a testimonios sobre variaciones percibidas en la longitud de su cabello, las cuales se explican por el mantenimiento periódico que incluye lavado, peinado, recortes y reemplazos con donaciones de cabello humano, además de su reacción natural a la humedad y los cambios climáticos.

La escultura se encuentra en un estante lateral bañado por una iluminación tenue, frente al imponente retablo mayor tallado en madera con hojilla de oro, atrayendo diariamente a personas que acuden para solicitudes, agradecimientos y reflexiones personales. Prácticas históricas en el arte sacro, como el uso de cabello donado, han alimentado estas percepciones, impulsadas en tiempos recientes por videos en plataformas digitales que acumulan altas visualizaciones y generan un renovado interés.

La iglesia franciscana más antigua de Bogotá

Construida alrededor de 1550 por orden franciscana, esta iglesia se erige como la más antigua aún en pie en la capital y es declarada Monumento Nacional, situada estratégicamente frente a la estación Museo del Oro del TransMilenio y junto al Banco de la República, lo que facilita el acceso de miles de peregrinos y turistas. Durante la Semana Santa, la afluencia se multiplica como parte del tradicional recorrido por siete monumentos sagrados, contribuyendo significativamente al turismo religioso y al comercio local en el sector.

Así, lo que para muchos es un prodigio divino se revela como una combinación de devoción genuina, cuidado meticuloso y fenómenos naturales, consolidando a la Iglesia de San Francisco como un referente espiritual y cultural en Bogotá que invita a la contemplación y al misterio cotidiano.

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