La periodista Paola Vargas Sosa reveló en el pódcast «Vamos pa’ eso» un caso de acoso sexual sufrido en 2012 en las instalaciones de Caracol Televisión, donde el agresor, Ricardo Orrego, la tocó de manera inapropiada en la sala de edición del noticiero. Según su testimonio, mientras se encontraba concentrada escribiendo, Orrego se acercó por detrás, jugó con su cabello y luego introdujo la mano debajo de su ropa e incluso del brasier para apretarle fuertemente el seno izquierdo. Al confrontarlo, él respondió con sorna: «¿Ahora me vas a decir que no te gusta?».
Tras el incidente, Vargas Sosa salió apresuradamente de la sala y se dirigió directamente a su jefa inmediata, una reconocida presentadora de entretenimiento nacional, para reportar lo ocurrido. Sin embargo, la respuesta fue un silencio absoluto: no mostró asombro, no ofreció consuelo ni tomó ninguna acción, como derivar el caso a Recursos Humanos. Este hecho la llevó a entender que debía guardar silencio para proteger su carrera, en un entorno marcado por la presión laboral y la aparente falta de herramientas institucionales para manejar denuncias de este tipo.
El peso del silencio y el temor constante
La periodista permaneció cerca de un año más en el canal, conviviendo con un temor constante que la obligaba a esconderse en los pasillos cada vez que veía a Orrego, evitando cualquier encuentro para no revivir el trauma. Esta denuncia pública surge en medio de un escándalo mayor por presuntos casos de acoso sexual alrededor de Ricardo Orrego, que culminó en su salida de Caracol Televisión. Vargas Sosa abandonó el canal poco después, sintiendo que su sueño profesional se desvanecía como humo entre sus manos.
“Y yo estoy superconcentrada escribiendo y yo siento la presencia de alguien que viene detrás y empieza a jugar con mi cabello y empieza a tocarme el pelo y yo lo único que hago es como: ‘No, no, no, no, no me molesten, no me molesten que estoy ocupada’… pero el acto seguido es que siento es una mano que viene de arriba… debajo de mi ropa, incluso debajo del brasier, y me aprieta muy fuerte mi seno izquierdo”.
Paola Vargas Sosa, periodista
“Cuando yo miro hacia arriba, oh, sorpresa… era este personaje Ricardo Orrego… y cuando yo lo veo, con sorpresa le digo: ‘¿Qué te pasa?’… y lo que me responde es: ‘¿Ahora me vas a decir que no te gusta?’”.
Paola Vargas Sosa, periodista
“Yo salgo de esa sala pitada, pero bravísima y me voy directo donde mi jefa directa… y le digo: ‘Este tales me acaba de tocar y me apretó y tal y me dijo esto y tal’. La cara de ella no era ni de asombro… No me dijo nada, no hizo nada. No, no, ni siquiera me dijo: ‘Cálmate’, ni siquiera me dijo: ‘Lo siento’… No, ella se quedó callada”.
Paola Vargas Sosa, periodista
En su reflexión, Vargas Sosa cuestiona si su jefa carecía de herramientas para actuar, pero enfatiza que prevaleció la ley del silencio. «Ahí fue cuando yo entendí que yo me tenía que quedar callada, que yo no podía hacer un escándalo con esto porque era eso o mi carrera», relató, añadiendo: «Si ella no hizo nada… de repente ella tampoco tenía las herramientas, no sabía qué hacer en un caso de esos. No tuvo esa reacción inmediata de decir vamos a Recursos Humanos. No, fue la ley del silencio». Este caso pone en evidencia las dificultades sistémicas para las víctimas en entornos laborales como el periodismo televisivo.
“Cada vez que yo lo veía en un pasillo, me tocaba esconderme, irme, tratar de evitarlo lo más que pude”.
Paola Vargas Sosa, periodista












