Próximo gobierno colombiano debería alinearse con EE. UU., advierte análisis

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En vísperas de una nueva presidencia en Colombia y ante el escenario de un segundo mandato de Donald Trump en Estados Unidos, un análisis de política exterior plantea que el próximo gobierno colombiano debe adoptar una estrategia de alineamiento con la hegemonía estadounidense, evitando la confrontación directa en el contexto del regreso de Washington a su esfera de influencia hemisférica. El artículo, de carácter propositivo, argumenta que el camino más sensato para el país consiste en una gestión inteligente de la hegemonía, aprovechando la cooperación histórica con Estados Unidos en temas como la guerra contra las drogas, el Plan Colombia, la participación del Batallón Colombia en la Guerra de Corea y el papel de la OEA con sede en Bogotá. Se advierte que una «rebeldía costosa» no será tolerada por la Casa Blanca y que sus costos los pagaría la población colombiana, no los gobernantes.

El análisis, publicado antes de los comicios de 2026, contrasta dos caminos que han seguido los Estados débiles frente a una potencia dominante: la autonomía plena con altos costos, ejemplificada en los casos de Venezuela, Cuba y Nicaragua, o el alineamiento funcional que deja márgenes de negociación. Según el texto, Colombia ha optado históricamente por esta segunda vía, y ese «realismo y madurez» se han convertido en sus activos más valiosos en el hemisferio. El autor subraya que la historia de Colombia «enseña calma antes que ímpetu, razón sobre pasión, y resultados antes que sueños febriles», una lección que considera aplicable al momento actual.

La nueva doctrina de Washington frente a competidores globales

El artículo sitúa este debate en el marco de lo que denomina «Trump 2.0» y su eslogan «Decline is a choice» (la decadencia es opcional), atribuido a la Casa Blanca. El argumento central es que Estados Unidos percibe un deterioro de su posición global frente a competidores que, durante casi treinta años de desatención hemisférica, lograron insertarse en cadenas logísticas, energéticas, digitales e incluso como proveedores de armas y tecnologías de control social en la región. Según el análisis, el costo político interno para Washington de tolerar esa penetración se ha vuelto obsoleto, y por eso ahora prioriza consolidar su dominio regional de manera más firme.

En ese contexto, se plantea que Colombia debe evitar la confrontación directa y, en cambio, negociar desde una posición de cooperación histórica. El texto menciona episodios como la pérdida de Panamá y la cooperación en la Guerra Fría como lecciones de que el alineamiento no ha sido sumisión, sino una estrategia para preservar intereses nacionales. «La historia de Colombia enseña calma antes que ímpetu, razón sobre pasión, y resultados antes que sueños febriles», señala el autor, en una cita que resume la tesis del artículo.

«La historia de Colombia enseña calma antes que ímpetu, razón sobre pasión, y resultados antes que sueños febriles»

Articulista de política exterior, La Veintitrés Manizales

El análisis concluye que, ante el regreso de Estados Unidos a su esfera de influencia hemisférica con una postura menos tolerante, las élites nacionales colombianas tienen la responsabilidad de adoptar una política exterior realista y no confrontacional. La advertencia es clara: cualquier intento de rebeldía costosa sería pagado por la ciudadanía, no por los gobernantes. Para el autor, el país se encuentra en una encrucijada donde el pragmatismo y la madurez diplomática deben primar sobre los gestos simbólicos, asegurando así la estabilidad y el desarrollo en un entorno geopolítico que se torna cada vez más exigente.

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