Ana Sofía Manios, una nadadora de 19 años originaria del Tolima, estudiante de Nutrición y Dietética en la Universidad Católica e integrante del club Oro de Manizales, sobrevivió cuatro horas atrapada bajo los escombros del edificio Plaza Santo Domingo, donde vivía en el quinto piso, tras el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Colombia el pasado lunes. La joven se preparaba para una práctica deportiva a las 8:00 a.m. cuando ocurrió el sismo que derrumbó la estructura, dejando víctimas mortales y miles de damnificados en la ciudad.
Según relató la sobreviviente, lo último que recuerda es haber visto cómo el edificio se inclinó hacia adelante y ella se fue con él. Cayó boca abajo y un colchón amortiguó parte del impacto, mientras los escombros cubrieron su pierna derecha y parte de su espalda. Afortunadamente, conservó movilidad en los brazos y una piedra quedó cerca de su cabeza, lo que le permitió respirar y, sobre todo, gritar. «No podía moverme, en ese momento solo tenía mi voz», declaró a Caracol Radio. Durante el tiempo que permaneció atrapada, escuchó ambulancias, vehículos y gritos, e incluso sintió a personas caminando sobre los escombros. No perdió el conocimiento en ningún momento.
El rescate no fue inmediato. Los bomberos trabajaban en la zona cuando, tras pedir silencio para detectar posibles supervivientes, una bombera escuchó los gritos de Ana Sofía. Sin embargo, antes de ese hallazgo, los equipos de emergencia consideraban que no había más personas con vida entre los escombros. Fue la insistencia de los compañeros del club Oro de Manizales, quienes notaron su ausencia al no responder al llamado de su entrenador después del sismo, lo que llevó a que la búsqueda continuara. Una compañera sabía que Ana Sofía no tenía clases ese día y alertó al equipo. Finalmente, tras cuatro horas de angustia, la joven fue rescatada con vida.
El relato de la sobreviviente
En entrevista con Caracol Radio, Ana Sofía narró los momentos de terror que vivió. «Lo último que recuerdo es que vi cómo el edificio se fue hacia adelante y yo me fui con él», dijo. A pesar de la desesperación, mantuvo la calma gracias a su formación como deportista de alto rendimiento. «Mi deporte me ha enseñado a mantener la calma. Uno mantiene la presión siempre en los entrenamientos, en las competencias», afirmó. Gritar fue su única herramienta durante el tiempo que estuvo atrapada. «En muchas ocasiones, yo trataba de gritar porque era mi única herramienta en ese momento», agregó.
«No podía moverme, en ese momento solo tenía mi voz»
Ana Sofía Manios, nadadora sobreviviente
«Mi deporte me ha enseñado a mantener la calma. Uno mantiene la presión siempre en los entrenamientos, en las competencias»
Ana Sofía Manios, nadadora sobreviviente
Pérdida total y llamado a la solidaridad
Tras el rescate, las primeras preguntas de Ana Sofía fueron sobre el tiempo transcurrido —sintió que había pasado aproximadamente una hora— y sobre su familia, que reside en Ibagué. Sus familiares tardaron nueve horas en llegar a Manizales debido a los cierres de movilidad causados por el terremoto. La joven, que perdió todas sus pertenencias, se aloja actualmente en casa de una compañera del club. «Me tocó empezar de cero, yo absolutamente tuve pérdida de todo. Entonces necesito más que todo para mi deporte», manifestó. Ana Sofía acudió al censo de damnificados, pero aún espera una respuesta. Mientras tanto, busca apoyo para regresar a la natación con aletas de alto rendimiento, una disciplina que practica con el club Oro de Manizales.
«Me tocó empezar de cero, yo absolutamente tuve pérdida de todo. Entonces necesito más que todo para mi deporte»
Ana Sofía Manios, nadadora sobreviviente
«Uno nunca sabe qué puede ocurrir»
Ana Sofía Manios, nadadora sobreviviente
El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Colombia el pasado lunes dejó una estela de destrucción en Manizales, con edificios colapsados, víctimas mortales y miles de damnificados. En medio de la tragedia, la historia de Ana Sofía Manios emerge como un testimonio de resiliencia y fortaleza, donde la disciplina del deporte de alto rendimiento y la solidaridad de sus compañeros marcaron la diferencia entre la vida y la muerte. La joven nadadora, que ahora empieza de cero, demuestra que, como ella misma dice, «uno nunca sabe qué puede ocurrir», pero también que la esperanza y la determinación pueden abrirse paso entre los escombros.










