El gobierno de los anuncios, cuando prometer se convierte en noticia y cumplir queda para después

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Colombia parece haberse acostumbrado a gobernar a punta de anuncios: fondos, obras, inversiones, tarifas diferenciales, grandes proyectos, que ocupan titulares antes de convertirse en hechos

En Caldas, los $64.000 millones anunciados en 2024 para la transformación tecnológica son un caso revelador. Dos años después, la investigación de la Corporación Cívica de Caldas muestra cuánto puede existir entre el anuncio y la ejecución

Por Redaccion de La Veintitrés

En Colombia hay una vieja costumbre política que parece renovarse con cada gobierno: anunciar. Se anuncian fondos, obras, inversiones, reformas, aeropuertos, carreteras, tarifas, centros tecnológicos, programas sociales y nuevas estrategias para enfrentar las emergencias.

El anuncio ocupa el titular. La fotografía registra el momento. El funcionario explica sus alcances. Y durante unos días la promesa adquiere la apariencia de una realidad.

El problema comienza después, porque entre anunciar y hacer existe un territorio mucho menos vistoso: conseguir los recursos, apropiarlos en el presupuesto, firmar los convenios, contratar, ejecutar, terminar y, finalmente, entregar resultados.

De ahí que el Colombia anunciar sea muy fácil, lo difícil empieza después y Caldas ojee un caso particularmente ilustrativo.

Los $64.000 millones que se anunciaron

El 5 de abril de 2024, el entonces ministro de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, Mauricio Lizcano, llegó a Caldas con una agenda que combinó entregas de computadores, reuniones institucionales y anuncios de inversión.

Ese día anunció $64.000 millones para el desarrollo tecnológico del departamento.

La cifra se distribuiría así: $20.000 millones para una red de fibra óptica; otros $20.000 millones para el Centro Tecnológico de Villamaría —$10.000 millones para inteligencia artificial y $10.000 millones para ciberseguridad—, y $24.000 millones para seis centros PotencIA Digital, uno por cada subregión.

La noticia era enorme. Caldas, se dijo entonces, estaba a punto de dar un salto tecnológico.

Nueve días después, la propia Gobernación informó que estaba adelantando gestiones con el Ministerio TIC para establecer las rutas y estudios necesarios para iniciar la ejecución de los $64.000 millones.

La entonces secretaria de Desarrollo, Empleo e Innovación señaló que el Ministerio había reservado los recursos para el departamento.

En junio de ese año, la Gobernación hablaba de estudios de viabilidad para los seis centros PotencIA y precisaba incluso cuáles serían los municipios beneficiarios: Pácora, Riosucio, Aguadas, Victoria, Neira y La Dorada.

El esquema contemplaba que MinTIC aportaría recursos para construcción y dotación, mientras la Gobernación asumiría estudios y diseños e interventorías, y los municipios tendrían que garantizar los predios y posteriormente la operación y mantenimiento.

Parecía que el anuncio tenía una ruta.

Dos años después

Aquí comienza la segunda parte de la historia. La Corporación Cívica de Caldas (CCC) decidió hacer seguimiento a aquellos compromisos. Presentó solicitudes de información y reconstruyó documentalmente qué había ocurrido con los proyectos.

La organización es la responsable de la investigación y de la obtención de las respuestas oficiales que sustentan este capítulo.

Y las respuestas introducen una diferencia fundamental entre anunciar una inversión y ejecutarla.

Según la documentación recopilada por la Corporación Cívica, para varios de los componentes anunciados no existen convenios, contratos, actos administrativos ni recursos asignados, comprometidos o transferidos.

Algunos proyectos quedaron en procesos de evaluación y otros no pasaron de la estructuración.

La pregunta entonces deja de ser cuánto dinero fue anunciado. La pregunta es: ¿Cuánto de los $64.000 millones se convirtió realmente en inversión ejecutada? Ese es el punto en el que el anuncio se encuentra con la realidad.

No todo fue anuncio

Y aquí hay que hacer una precisión para evitar una conclusión equivocada.

Mientras se anunciaban los $64.000 millones, sí hubo inversiones y entregas concretas. En abril de 2024, el Ministerio TIC informó la entrega de 2.157 computadores en seis municipios de Caldas. En mayo, durante otra jornada en el departamento, fueron entregados otros 1.205 equipos en Victoria y La Dorada.

Los computadores llegaron. Lo que está en discusión es otra cosa: el cumplimiento de los grandes proyectos de infraestructura tecnológica que fueron anunciados junto con aquella agenda. Esta diferencia es importante porque permite que los documentos hablen por sí mismos.

El Parque Tecnológico, una promesa dentro de otra

El caso del Parque Tecnológico de Villamaría resulta todavía más revelador.

La infraestructura ya venía de años atrás y había recibido una inversión superior a los $44.000 millones de regalías. En abril de 2024, el anuncio de MinTIC planteó convertirlo en un componente central de la estrategia tecnológica del departamento, con recursos para inteligencia artificial y ciberseguridad.

Pero el Parque tampoco logró convertirse rápidamente en el centro de innovación que se había proyectado.

La Corporación Cívica lleva varios años haciendo seguimiento al proyecto y documentando las dificultades para ponerlo plenamente en operación.

Y en octubre de 2026 aparece nuevamente una fórmula institucional para intentar resolver el problema: la Gobernación anunció que llevará ante la Asamblea una propuesta para crear una corporación mixta que se encargue de manejar y dar operatividad técnica al Parque Tecnológico Futura.

Es decir, el proyecto continúa buscando la estructura que permita hacerlo funcionar plenamente.

El fenómeno no empezó con Lizcano

Y aquí está el verdadero sentido de este informe.

La historia de los $64.000 millones no debería leerse como un episodio aislado ni como una crítica a un solo funcionario.

Es una pregunta mucho más amplia sobre la forma como se comunica y se ejerce el poder público.

El gobierno nacional que comenzó hace apenas unas semanas ya ha puesto sobre la mesa nuevos fondos, reformas y mecanismos para enfrentar problemas que heredó o que surgieron durante su llegada al poder.

Uno de los ejemplos más recientes es el Fondo Milagro, creado mediante decreto en septiembre de 2026 para gestionar y financiar la reconstrucción de las zonas afectadas por el terremoto del 10 de agosto.

El fondo existe jurídicamente.

Pero a finales de septiembre la propia Gobernación de Caldas todavía estaba presentando ante sus directivos el diagnóstico del departamento y la ruta de reconstrucción que se viene estructurando.

Eso no significa que el Fondo Milagro sea un fracaso ni que no vaya a funcionar.

Significa algo más elemental:

crear un mecanismo no equivale todavía a ejecutar la reconstrucción.

La diferencia parece semántica.

No lo es.

Caldas también tiene su propio catálogo de anuncios

El departamento conoce bien esa dinámica.

Aerocafé ha sido durante años uno de los grandes proyectos regionales. En 2026, el Gobierno Nacional ha ratificado su respaldo y se han dado pasos contractuales y administrativos hacia la construcción de su primera fase.

Las tarifas diferenciales de los peajes de Autopistas del Café constituyen otro ejemplo útil, pero justamente porque muestran el otro lado de la historia: después de los anuncios y las mesas de diálogo, el Gobierno Nacional terminó expidiendo en junio de 2026 la resolución que estableció tarifas diferenciales en cinco estaciones.

Es decir, no todos los anuncios se quedan en anuncios. Algunos avanzan. Otros se transforman, se retrasan o terminan sin convertirse en aquello que inicialmente se anunció.

Por eso el periodismo no debería medir la gestión pública por el número de anuncios realizados, sino por la distancia entre el anuncio y el resultado.

¿Y el Silicon Valley?

Durante años Colombia ha utilizado la comparación con Silicon Valley para describir sus aspiraciones de convertirse en una potencia regional de innovación y tecnología.

La idea no es nueva. Ya desde 2019 el Gobierno nacional hablaba de convertir a Colombia en el “Silicon Valley de Latinoamérica”.

En Caldas, la apuesta tecnológica también ha aparecido repetidamente en el discurso institucional: inteligencia artificial, centros de innovación, universidades, emprendimiento, investigación y transformación digital.

Todo eso puede ser perfectamente legítimo.

Pero una región no se convierte en un polo tecnológico por anunciarlo.

Necesita infraestructura funcionando, empresas, investigadores, capital, talento, conectividad, universidades articuladas, propiedad intelectual, inversión privada y, sobre todo, continuidad de las políticas públicas.

El presupuesto también sirve para comprobarlo

El seguimiento de la Corporación Cívica de Caldas al presupuesto departamental de 2026 encontró otra señal que merece atención.

Según su análisis, el sector de Ciencia, Tecnología e Innovación recibió 85 % menos recursos de los previstos para 2026 en el Plan de Desarrollo, mientras que Tecnologías de la Información y las Comunicaciones quedó 58 % por debajo de lo programado.

Este dato no significa que esos recursos sean los mismos $64.000 millones anunciados por MinTIC.

Son asuntos presupuestales distintos.

Pero sí plantea una pregunta sobre la distancia que puede existir entre la magnitud de los discursos sobre transformación tecnológica y los recursos que efectivamente aparecen programados en el presupuesto territorial.

La investigación de la Corporación Cívica

Este informe toma como punto de partida la investigación “Del dicho al hecho. Capítulo 1: los $64.000 millones para el desarrollo tecnológico de Caldas que 2 años después siguen sin llegar”, elaborada por la Corporación Cívica de Caldas.

Fuente: Corporación Cívica de Caldas

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