El Parque Nacional Natural Tayrona volvió a abrir sus puertas al público el pasado 2 de noviembre, después de quince días de cierre durante los cuales el territorio permaneció vedado a los visitantes para cumplir el periodo de descanso ambiental de Nabbatashi, uno de los tres que cada año se acuerdan con los pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta. La reapertura coincidió con la divulgación de una serie de registros de fauna obtenidos por el equipo técnico del área protegida mediante cámaras trampa y recorridos de campo, en los que quedó documentada la presencia de jaguares, pumas, ocelotes, margayes y del paujil pico azul, especie catalogada en peligro de extinción.
El cierre se extendió entre el 19 de octubre y el 2 de noviembre y no fue una decisión administrativa aislada, sino el resultado de los acuerdos de coadministración suscritos entre Parques Nacionales Naturales de Colombia y los cuatro pueblos indígenas de la Sierra Nevada: Arhuaco (Iku), Kogui (Kággaba), Wiwa y Kankuamo. Estos pactos establecen tres periodos anuales de descanso del Tayrona, repartidos a lo largo del calendario. El primero es precisamente Nabbatashi, que ocupa la segunda quincena de octubre y los primeros días de noviembre; el segundo es Kugkui shikasa, entre el 1 y el 15 de febrero; y el tercero es Saka Juso, del 1 al 15 de junio. Durante esas ventanas el parque suspende el ingreso turístico para permitir que el territorio descanse, proteger la biodiversidad y facilitar las prácticas culturales y espirituales de las comunidades indígenas que lo habitan y lo custodian.
Las cámaras trampa y el retorno de los felinos
Los registros divulgados en paralelo a la reapertura no son el producto de unas semanas de trabajo, sino de un monitoreo sostenido durante varios años con cámaras trampa y salidas de campo. Además de los grandes felinos, las imágenes y datos confirman la presencia de zaino, venado cola blanca y oso hormiguero, lo que dibuja un ecosistema con poblaciones de mamíferos que se mantienen activas en los bosques y corredores ecológicos del parque. La información recolectada tiene un uso técnico concreto: permite identificar riesgos, orientar la vigilancia de las zonas más sensibles, definir acciones de restauración y ajustar el manejo del área protegida. Para Parques Nacionales, la evidencia de jaguares, pumas, ocelotes y margayes en un mismo territorio es una señal de que los corredores biológicos siguen funcionando y de que el descanso acordado con las comunidades no interrumpe el cuidado del ecosistema, sino que lo complementa.
Tarifas, accesos y reglas para volver al Tayrona
Con la reapertura entró en vigor la temporada baja, cuyas tarifas rigen desde noviembre. Los nacionales, extranjeros residentes y ciudadanos de la Comunidad Andina de Nación entre 5 y 25 años pagan 27.500 pesos, mientras que los mayores de 25 años de esas mismas categorías cancelan 36.500 pesos. Los extranjeros no residentes y que no pertenecen a la CAN deben pagar 81.000 pesos. En el sector de Bahía Concha los valores son distintos: 15.000 pesos para nacionales y residentes de 5 a 25 años, 26.000 para los mayores de 25 y 43.500 para los extranjeros no residentes. Quienes nacieron en Santa Marta tienen una tarifa diferencial de 17.500 pesos si tienen entre 5 y 25 años y de 18.000 pesos si superan esa edad. Las autoridades recomiendan verificar los precios antes de realizar el pago, pues pueden variar, y recuerdan que el derecho de ingreso no cubre transporte, guianza, alojamiento, restaurante ni pasadía.
El acceso terrestre al parque se realiza por Bahía Concha, Palangana, Calabazo y Zaino, siendo esta última la entrada principal, ubicada a 32 kilómetros de Santa Marta. También existe la opción marítima desde Santa Marta, El Rodadero o Taganga. Para ingresar es obligatorio registrarse, participar en la charla de inducción y contar con un seguro de accidentes, tal como lo establece la Resolución 273 de 2024. La capacidad de carga diaria es limitada por cada atractivo y los horarios varían según el sector y la temporada, por lo que se sugiere consultar antes de planear la visita. Dentro del área protegida están prohibidas las mascotas, los parlantes, los plásticos de un solo uso, los drones sin autorización, las botellas de licor y las sustancias alucinógenas; tampoco se permite alimentar a la fauna ni salir de los senderos demarcados. Las fogatas solo pueden encenderse en los sitios autorizados y el baño de mar está restringido a las zonas habilitadas.
La reapertura deja al Tayrona en su operación habitual, pero con un mensaje que trasciende la temporada turística: el calendario del parque no lo marcan únicamente los visitantes, sino los acuerdos con los pueblos indígenas que lo conciben como un territorio vivo. Los quince días de silencio de Nabbatashi sirvieron, según la lógica de esa coadministración, para que los bosques y sus habitantes retomaran su ritmo, y las cámaras trampa devolvieron la prueba de que jaguares, pumas y paujiles siguen recorriendo la Sierra Nevada de Santa Marta.










