A menos de ocho días de la primera vuelta presidencial de 2026, dos analistas políticos examinan las consecuencias de una hipotética presidencia de Claudia López, exalcaldesa de Bogotá, en medio de un panorama electoral marcado por la fragmentación política y una crisis de seguridad que domina la agenda. Aunque las encuestas ubican a López lejos de los punteros, su candidatura sigue generando debate sobre la gobernabilidad y un eventual cambio de rumbo frente al gobierno de Gustavo Petro. Los expertos consultados por Infobae Colombia —Felipe Melo, politólogo y asesor legislativo, y Camilo González Vides, académico de la Pontificia Universidad Javeriana— destacan giros profundos en seguridad, descentralización fiscal y diversificación comercial como ejes de su programa, pero advierten que su implementación enfrentaría obstáculos significativos en un Congreso hostil.
Seguridad: el fin de la “paz total” y el giro hacia el crimen transnacional
Según Felipe Melo, el eventual gobierno de Claudia López arrancaría con una “doble señal de ruptura y continuidad selectiva” respecto a la administración Petro. La ruptura más notoria se daría en el ámbito de la seguridad: “Desde el primer mes, su administración buscaría desmontar el marco conceptual de la ‘paz total’ para sustituirlo por un paradigma de gestión del crimen organizado transnacional”, asegura el politólogo y asesor legislativo. Este reencuadre implica priorizar la cooperación con agencias internacionales, fortalecer la inteligencia financiera y reducir el énfasis en la confrontación armada directa. Melo califica el diagnóstico como “técnicamente sólido”, pero advierte que su ejecución sería políticamente compleja “porque las Fuerzas Militares llevan décadas bajo una doctrina contrainsurgente”. La propuesta de López, así, supone un desafío estructural a la cultura castrense colombiana.
“El reencuadre hacia el crimen transnacional supone priorizar cooperación con agencias internacionales, fortalecer inteligencia financiera y reducir el énfasis en confrontación armada directa. Técnicamente, el diagnóstico resulta sólido, pero políticamente su ejecución sería compleja porque las Fuerzas Militares llevan décadas bajo una doctrina contrainsurgente.”
Felipe Melo, politólogo y asesor legislativo
En contraste, López mantendría algunos pilares de la política social del gobierno actual, como las transferencias condicionadas, la protección social y componentes de la reforma laboral, lo que marcaría la “continuidad selectiva” que menciona Melo. Sin embargo, la conflictividad con el Congreso sería alta, similar a la que experimentó como alcaldesa de Bogotá, cuando enfrentó serias dificultades para construir coaliciones estables. Su eventual administración tendría que navegar una fragmentación legislativa que dificulta cualquier reforma ambiciosa.
Descentralización fiscal: la apuesta por los presupuestos participativos regionales
La innovación institucional más ambiciosa del primer año de López sería, según el análisis de Melo, la implementación de presupuestos participativos regionales como mecanismo de descentralización fiscal. “Sería probablemente la innovación institucional más ambiciosa de su primer año”, señala el politólogo. Sin embargo, advierte que la medida enfrenta “obstáculos considerables porque requiere reformas normativas, capacidad técnica territorial y sistemas de rendición de cuentas que el Estado colombiano todavía no desarrolla plenamente”. Se trata de una promesa de campaña que, de concretarse, podría transformar la relación entre el Ejecutivo y los territorios, pero cuya viabilidad choca con la realidad burocrática del país.
Política exterior: de la cooperación militar a la apertura comercial hacia Asia
En el plano internacional, el programa de Claudia López propone un giro significativo. Camilo González Vides, académico de la Pontificia Universidad Javeriana, subraya que “en el programa de Claudia López se puede ver una suerte de giro en política exterior. La relación con Estados Unidos ya no tendría que ser eminentemente militar, es decir, no sería la lógica de un Plan Colombia 2.0, sino una cooperación mucho más madura y productiva”. La idea central es equilibrar los vínculos históricos con Washington —que han generado beneficios pero también vulnerabilidades— con nuevas oportunidades comerciales en Asia. “Lo que busca particularmente es abrir posibilidades de negocio relacionadas con tecnología, sostenibilidad y exportaciones”, añade González Vides. Este enfoque implicaría una relación más cercana con los gremios empresariales colombianos y un papel activo en la transición democrática en Venezuela, así como un previsible cortocircuito diplomático con Ecuador por diferencias en las estrategias de seguridad frente al gobierno de Daniel Noboa.
“La idea consiste en equilibrar una relación histórica con Estados Unidos, que generó beneficios, pero también vulnerabilidades, con nuevas oportunidades comerciales en Asia. Lo que busca particularmente es abrir posibilidades de negocio relacionadas con tecnología, sostenibilidad y exportaciones.”
Camilo González Vides, académico de la Pontificia Universidad Javeriana
En medio de esta coyuntura, la propia López ha advertido que abandonará definitivamente la carrera presidencial si no llega a la Casa de Nariño, lo que añade un matiz de urgencia a su campaña. Su eventual gobierno, según coinciden los analistas, representaría un viraje en seguridad, una apuesta descentralizadora y una redefinición de las alianzas internacionales de Colombia, pero todo ello dependerá de su capacidad para sortear la fragmentación del Congreso y construir consensos en un escenario político altamente polarizado. Las elecciones del primer domingo de 2026 definirán si estos análisis prospectivos se convierten en realidad o quedan en el plano de los escenarios hipotéticos.












