La psicóloga Catalina Giraldo Silva falleció el 9 de julio de 2026 en Bogotá tras acceder al procedimiento de eutanasia, luego de una travesía de diez meses llena de trámites, negativas y obstáculos burocráticos para conseguir el suicidio médicamente asistido. Acompañada por su madre Ángela Silva, su hermana Paola y su perro Lulo, con la canción “Long and Lost” de Florence and the Machine sonando de fondo, Giraldo Silva vistió una blusa rosada con la frase “C’est la vie” (Es la vida) mientras su madre y su hermana le sostenían las manos hasta el último momento.
Catalina sufría trastorno depresivo mayor, trastorno límite de la personalidad y trastorno de ansiedad no especificado, condiciones que le generaban un sufrimiento intenso sin alivio a pesar de múltiples tratamientos. En total recibió más de 40 esquemas farmacológicos, tuvo nueve hospitalizaciones psiquiátricas y se sometió a tres ciclos de terapia electroconvulsiva, sin obtener mejoría significativa. Fue en su última hospitalización psiquiátrica cuando decidió solicitar el segundo comité de eutanasia, al encontrarse “en una cama de un hospital por un número de veces que ya he olvidado, no podía caminar y estaba muy restringida”.
El largo camino hacia la eutanasia
Inicialmente, Giraldo Silva solicitó la Asistencia Médica al Suicidio, figura despenalizada por la Corte Constitucional colombiana en mayo de 2022, pero que aún carece de reglas operativas para su aplicación en el sistema de salud. Fue la primera persona en plantear formalmente esta solicitud ante el sistema de salud colombiano. Sin embargo, tras enfrentar un laberinto de recursos y negativas durante diez meses, se vio obligada a cambiar su petición a eutanasia, un procedimiento que ya cuenta con regulación en el país. La EPS Sanitas, en una carta fechada el 12 de noviembre, le respondió que no existían condiciones normativas ni operativas para realizar el procedimiento solicitado.
“Debo decir que llegar a esta instancia no fue fácil y no sé si fui un poco testaruda al respecto. Me negaba a solicitar nuevamente la eutanasia, porque sentía que estaba traicionando esta lucha y no le estaba siendo fiel a mis principios”, declaró Catalina horas antes del procedimiento, en un tono sereno que contrastaba con años de sufrimiento. “Me siento muy tranquila. Hace años no sentía esta tranquilidad. Quita un peso inmenso saber que tu sufrimiento no va a prolongarse indefinidamente en el tiempo, sino que puedes detenerlo y que es suficiente”.
En sus últimas palabras, Giraldo Silva dejó un mensaje claro para los magistrados de la Corte Constitucional, a quienes aún no se han pronunciado de fondo sobre su recurso: “Les diría que esta lucha no termina conmigo. Yo voy a fallecer en las próximas horas, pero no fallece conmigo este proceso. Hay personas que lo necesitan de manera urgente y prioritaria; hay personas que sufren y que se suicidan todos los días”.
Un legado de lucha
Catalina Giraldo Silva entendía su decisión como un acto de amor y responsabilidad, no de rendición. “No siento que me esté rindiendo. Siento que estoy entregando un poco la responsabilidad a otros. Es un acto acompañado por mi familia, amoroso y de respeto hacia mí y a otras personas cercanas a mí que les dolería si yo acabo con mi vida de manera impulsiva”, explicó. Y agregó con firmeza: “La gente se suicida y se va a seguir suicidando. Negar esta realidad es desconocer lo que está pasando en el país y a nivel mundial. No es romantizar la muerte, es acompañarla y respetar el proceso de la persona”.
“Espero que me recuerden como una persona que inició este camino, pero que deja la puerta abierta. Espero y deseo que entiendan que mi legado es permitirnos entender la muerte desde un lugar diferente. Sé que esta semillita se está sembrando”.
Catalina Giraldo Silva, psicóloga
La organización DescLab, que acompañó a Catalina durante todo el proceso, emitió un comunicado el 11 de mayo en el que señaló que “durante años, el país ha avanzado en el reconocimiento jurídico de este derecho, pero aún existen vacíos que impiden que muchas personas puedan ejercerlo de manera efectiva dentro del sistema de salud”. La inacción del Estado, según DescLab, obligó a Giraldo Silva a recurrir a la eutanasia cuando su verdadero deseo era el suicidio asistido, revelando así las grietas de un sistema que reconoce derechos pero no garantiza su ejercicio real. Catalina Giraldo Silva ha partido, pero su historia abre una puerta que, como ella misma dijo, no se cerrará con su muerte.












