Centro Democrático y De la Espriella chocan por presidencia del Senado

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Una tensión política inédita sacude los cimientos de la coalición que respaldará al presidente electo Abelardo de la Espriella, a solo días de la instalación del nuevo Congreso. La disputa por la presidencia del Senado para el periodo 2026-2027 ha enfrentado al Centro Democrático, que con 17 senadores es la bancada más numerosa del oficialismo, con sectores cercanos al nuevo mandatario, que impulsan al senador Alfredo Deluque, del Partido de la U, en lugar del candidato uribista Honorio Henríquez. Las negociaciones, que se intensificaron entre el 14 y el 15 de julio, han dejado al descubierto la primera gran fractura interna dentro de la alianza gobernante, justo cuando se espera que el 20 de julio se defina la mesa directiva del Senado.

El pulso político se desató cuando el entorno de De la Espriella, a través del ministro del Interior designado Rodrigo Lara, transmitió su respaldo a Deluque, cuarta bancada de la coalición, rompiendo así la costumbre no escrita de que la presidencia del Senado corresponde al partido del presidente o a la bancada mayoritaria de la coalición. El Centro Democrático, liderado por el expresidente Álvaro Uribe, alega que esa tradición, sustentada en la ley de bancadas, debe respetarse. Sin embargo, el nuevo gobierno busca modificar esas reglas informales, y en esa jugada clave, el Partido Conservador, con sus 10 senadores, se ha convertido en el fiel de la balanza. Su presidente, Efraín Cepeda, fue tajante al declarar que “si el Centro Democrático quería seguir insistiendo en esa presidencia, pues no contaba con los 10 votos del Partido Conservador”, frase que evidenció el respaldo unánime de los conservadores a Deluque tras una reunión con el uribismo.

La pérdida de influencia del uribismo

La controversia refleja una pérdida de influencia del uribismo dentro de la coalición de gobierno y anticipa un pulso político entre el Legislativo y el nuevo Ejecutivo. El periodista Daniel Coronell, en su espacio El Reporte Coronell de Caracol Radio, sintetizó la paradoja que enfrenta Álvaro Uribe: “El presidente electo, Abelardo de la Espriella, que empezó su vida política elogiando al expresidente Uribe, llamándolo el CEO, el colombiano más importante de todos los tiempos, puede terminar siendo el sepulturero de quien fue el indisputado jefe de la derecha por un cuarto de siglo”. La declaración, cargada de simbolismo, se suma a las inconformidades expresadas por el propio Uribe, quien ha cuestionado la influencia de sectores cercanos a De la Espriella, en particular de su estratega político Carlos Suárez, en la designación de la mesa directiva. En el uribismo se recuerdan las diferencias pasadas entre Uribe y Suárez, a quien el expresidente responsabiliza de promover campañas en su contra y de cuestionar gestiones relacionadas con encuentros con Salvatore Mancuso en Estados Unidos.

El hecho de que Suárez tenga cercanía con Alfredo Deluque explica en parte el apoyo que hoy recibe el senador guajiro desde el entorno del presidente electo. Mientras tanto, el Centro Democrático, en un intento por mantener vivas las opciones de Honorio Henríquez, ha buscado sumar apoyos incluso de sectores del Pacto Histórico, una movida que refleja la fragmentación de las fuerzas y la ausencia de una mayoría absoluta en el Senado. Ninguna bancada cuenta con los votos suficientes para imponerse por sí sola, por lo que las alianzas serán determinantes en la votación del 20 de julio. La elección de la presidencia del Senado no solo definirá la conducción del Legislativo en el próximo bienio, sino que marcará el tono de las relaciones entre el nuevo gobierno y el partido que durante años fue el principal sostén de la derecha en Colombia.

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