De la Espriella rompe con el uribismo al impulsar a Deluque para presidir el Senado

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Una profunda fractura política sacude la coalición de gobierno antes de la instalación del nuevo Congreso. La elección de la presidencia del Senado para el periodo 2026-2027, programada para el 20 de julio, ha desatado una abierta ruptura entre el Centro Democrático y el entorno del presidente electo, Abelardo de la Espriella. En una movida que rompe con la tradición política, el mandatario electo impulsa al senador Alfredo Deluque, del Partido de la U, para presidir la corporación, dejando de lado al candidato oficial del uribismo, Honorio Henríquez. La decisión, transmitida a través del ministro del Interior designado, Rodrigo Lara, representa un duro revés para el partido fundado por el expresidente Álvaro Uribe, que con 17 senadores conforma la bancada más numerosa de la coalición oficialista.

La noche del 14 de julio se habría sellado un acuerdo político que inclina la balanza a favor de Deluque, un movimiento que se interpreta como una pérdida significativa de la influencia del uribismo en el nuevo gobierno. El golpe más contundente para el Centro Democrático llegó desde el Partido Conservador, cuyos 10 votos en el Senado serán cruciales. Su presidente, Efraín Cepeda, fue tajante al confirmar el respaldo a Deluque y enviar un mensaje directo a la colectividad uribista: «Si el Centro Democrático quería seguir insistiendo en esa presidencia, pues no contaba con los 10 votos del Partido Conservador». Esta declaración evidencia el realineamiento de fuerzas en el Legislativo, donde ninguna bancada cuenta con mayoría absoluta para el próximo periodo.

Una tradición rota y un pulso entre el Legislativo y el Ejecutivo

La decisión de la Casa de Nariño de apoyar a un senador del Partido de la U, la cuarta fuerza dentro de la coalición de gobierno, rompe con la tradición de que la presidencia del Senado sea para la bancada mayoritaria que respalda al presidente. Este escenario contrasta fuertemente con el inicio del gobierno anterior, cuando la designación de Roy Barreras facilitó la cohesión de la coalición legislativa. Ahora, la jugada de De la Espriella abre un frente de incertidumbre y marca el primer gran pulso político entre el Legislativo y el gobierno entrante. Ante este escenario adverso, el Centro Democrático busca desesperadamente apoyos de último momento, incluso explorando acercamientos con sectores del Pacto Histórico, para mantener vivas las opciones de Henríquez en la votación del 20 de julio.

La controversia no solo tiene implicaciones de poder inmediato, sino que revela tensiones acumuladas entre las dos cabezas visibles de la derecha colombiana. Se recuerdan las diferencias previas entre el expresidente Uribe y el estratega político de De la Espriella, Carlos Suárez, a quien el exmandatario responsabiliza de promover campañas en su contra y de gestionar encuentros con Salvatore Mancuso. En un tono particularmente severo, el periodista Daniel Coronell, de El Reporte Coronell en Caracol Radio, describió la paradoja histórica del momento: «El presidente electo, Abelardo de la Espriella, que empezó su vida política elogiando al expresidente Uribe, llamándolo el CEO, el colombiano más importante de todos los tiempos, puede terminar siendo el sepulturero de quien fue el indiscutido jefe de la derecha por un cuarto de siglo».

«Si el Centro Democrático quería seguir insistiendo en esa presidencia, pues no contaba con los 10 votos del Partido Conservador»

Efraín Cepeda, presidente del Partido Conservador

El pulso por la presidencia del Senado, que se definirá el próximo 20 de julio, se ha convertido en un termómetro de las nuevas relaciones de poder en Colombia. Mientras el uribismo ve desmoronarse su hegemonía legislativa, el presidente electo De la Espriella parece decidido a imponer su propia agenda de gobernabilidad, incluso si eso significa desafiar al histórico líder que alguna vez lo impulsó en la política. La decisión final en el recinto del Senado no solo definirá quién preside la corporación en el periodo 2026-2027, sino que marcará el tono de la relación entre el nuevo gobierno y el partido que hasta ahora había sido su principal pilar parlamentario.

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