El telón baja en Manizales: Un cierre magistral para la edición 58 del Festival Internacional de Teatro

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Manizales reafirmó su vocación escénica tras nueve días ininterrumpidos en los que el teatro se tomó la ciudad entera

Con las salas llenas y ovaciones que resonaron en cada escenario, el 58° Festival Internacional de Teatro de Manizales (FITM) llegó a su clausura, dejando la mirada firmemente puesta en la próxima gran celebración: sus 60 años de historia.

El balance que deja esta edición es contundente y digno de registro. Se llevaron a cabo 42 funciones de sala y 16 en calle, extendiendo la programación no solo por la capital, sino alcanzando a cinco municipios y cuatro colegios.

Más allá de ser el evento de artes escénicas más antiguo de Latinoamérica, el FITM ratificó su papel como el principal motor de la economía cultural y turística del Eje Cafetero, atrayendo en esta edición a 148 invitados internacionales y 69 nacionales.

A esta riqueza escénica se sumó la profundidad académica del Congreso Iberoamericano de Teatro, un espacio vital para la reflexión y la investigación artística.

El encuentro entre el público y las tablas alcanzó picos de profunda emoción durante el fin de semana. La adaptación de la obra de Shakespeare, ‘Medida por Medida (La culpa es tuya)’, del director argentino Gabriel Chamé, desató ovaciones de pie tanto el sábado como el domingo en el Auditorio de la Universidad Nacional.

La jornada oficial de clausura el domingo 4 de octubre presentó dos miradas diametralmente opuestas, pero igualmente provocadoras. En el Auditorio Confa, la compañía pereirana Tropa Teatro bajó el telón con ‘La Bacanal’, dirigida por Alonso Mejía Román. A través de una afilada sátira y humor negro, la obra partió de un escenario absurdo —el asesinato del presidente de la República— para explorar las perversiones y excesos del poder.

Por otro lado, en el Teatro El Galpón, el tono fue íntimo y conmovedor con ‘Cinza com Sol’, de la artista brasileña Raquel Botafogo. En este montaje unipersonal que se nutre de la poética del butoh, la creadora fusionó la danza y el teatro de figuras animadas para ofrecer un sensible recorrido sobre el duelo, la enfermedad y la resiliencia frente a la muerte.

La calle: Un escenario vivo 

El teatro callejero demostró una vez más que el arte no necesita paredes. En el Parque Ernesto Gutiérrez, el colectivo brasileño Circo da Silva presentó ‘Funil’, deslumbrando a las familias con una vibrante mezcla de acrobacia, equilibrio y música en vivo.

En ese mismo parque, la agrupación española Always Drinking Marching Band rompió la cuarta pared con ‘La calle es nuestra’, integrando repertorio musical y gags surrealistas en interacción directa con los transeúntes. Finalmente, la plazoleta de la Facultad de Arquitectura fue el escenario de ‘Ecoclown’, del artista Jader Guerra, quien utilizó el humor para dejar un potente mensaje sobre el cuidado del planeta.

El veredicto del público 

Como lo demostraron las largas filas y los foros posteriores a las funciones, la respuesta de los ciudadanos fue el verdadero éxito de esta edición.

Espectadores como el gestor cultural Cristian Martínez destacaron la contundencia de propuestas como La Bacanal, calificándola como «una alusión muy certera de lo que estamos viendo como realidad latinoamericana».

En cuanto a las funciones al aire libre, estudiantes como Jerónimo resaltaron que «lo más bonito es la inmersión», mientras la ciudadana Mariana Gómez celebró «la mezcla de la música con el teatro y poder integrar a los ciudadanos».

Manizales se dejó picar nuevamente por el bicho del teatro. Las luces se apagan y los escenarios se desmontan, pero el ritual colectivo permanece, abriendo desde ya la ruta hacia lo que serán sus seis décadas de historia.

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