FCF vetó a Villa por condena de género, pero respaldó a otros con escándalos

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La Federación Colombiana de Fútbol (FCF) ha desatado una ola de indignación nacional al impedir la convocatoria del extremo Sebastián Villa para la Copa del Mundo de 2026, debido a su condena por violencia de género, mientras mantiene en su cargo y respalda a otras figuras involucradas en escándalos de agresión y vínculos con el narcotráfico. Villa, quien milita en el Independiente Rivadavia de Argentina, fue excluido de la lista de 26 jugadores a petición de directivos que temían perder patrocinadores. Según el periodista Alejandro Pino Calad, el seleccionador Néstor Lorenzo accedió a retirarlo tras una advertencia de la cúpula federativa.

El contraste con el trato brindado al presidente de la FCF, Ramón Jesurún, es evidente. Jesurún, junto a su hijo, agredió a dos uniformados tras la final de la Copa América de 2024 en Miami, donde Colombia perdió ante Argentina. Tras golpear al guardia Jakari Shaw con una patada en la cabeza —que lo llevó a un centro médico— y derribar a la uniformada Daphnie Auguste, Jesurún pagó una fianza de dos mil dólares; su hijo, mil. A pesar de las denuncias y el arresto, la FCF mantiene a Jesurún en su cargo, sin que se haya abierto un proceso ético.

Otros capítulos de una historia de incoherencias

No es la primera vez que la FCF actúa con doble rasero. En 2011, Hernán Darío “El Bolillo” Gómez, entonces entrenador de la selección, fue denunciado por agredir a una mujer al salir de un local nocturno en Bogotá. La Federación inicialmente lo respaldó calificando el hecho como “asunto privado”, y solo cedió a la renuncia de Gómez cuando los patrocinadores del Mundial Sub-20 —que se jugaba en Colombia— amenazaron con retirarse. La presión mediática, no la ética, forzó su salida.

El caso de René Higuita, el mítico arquero de la selección, también resalta por la permisividad federativa. A principios de los años 90, Higuita visitó al capo Pablo Escobar en la cárcel de La Catedral, en Medellín, y participó en la negociación de la liberación de un secuestro. Pese al rechazo social, la FCF lo convocó para las eliminatorias rumbo al Mundial de 1994, aunque no jugó en la cita mundialista. Su vinculación con el narcotráfico no fue impedimento para que siguiera vistiendo la camiseta tricolor.

Otro episodio revelador ocurrió en 1997, durante las eliminatorias para Francia 1998. El atacante Antony de Ávila, conocido como “El Pitufo”, anotó el gol del triunfo contra Ecuador y, en plena celebración, dedicó el tanto a los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, fundadores del cartel de Cali, que entonces estaban presos. “La verdad que me siento contento. Este triunfo se lo quiero dedicar a unas personas que están privadas de la libertad. Yo creo que no hay necesidad de dar nombres, pero con mucho amor y con mucha humildad se lo dedico a ellos, que son Gilberto y Miguel”, declaró De Ávila en aquel momento. La FCF nunca sancionó al jugador ni emitió un comunicado de rechazo.

“La verdad que me siento contento. Este triunfo se lo quiero dedicar a unas personas que están privadas de la libertad. Yo creo que no hay necesidad de dar nombres, pero con mucho amor y con mucha humildad se lo dedico a ellos, que son Gilberto y Miguel”.

Antony de Ávila, exatacante de la selección Colombia, 1997

Mientras Villa —quien fue reemplazado por Kevin Castaño en la lista mundialista— carga con el veto federativo por su condena judicial, la FCF mantiene en la presidencia a un dirigente arrestado por agresión, ha consentido entrenadores denunciados por violencia contra la mujer y ha pasado por alto homenajes a narcotraficantes por parte de sus futbolistas. El riesgo de perder patrocinadores, que según fuentes internas fue la razón para excluir a Villa, no parece aplicarse a otros casos. La indignación crece en el país, que ve cómo la coherencia y la ética brillan por su ausencia en el máximo organismo del fútbol colombiano.

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