Fundación Rogelio Salmona rechaza demolición no autorizada en patrimonio de Bogotá

Compartir en redes sociales

María Elvira Madriñán, viuda del arquitecto Rogelio Salmona y presidenta de la Fundación que preserva su legado, explicó que las obras declaradas Bien de Interés Cultural no pueden modificarse libremente, en medio de la controversia generada por la demolición no autorizada de una escalera original en un apartamento del edificio Altos de Santana en Bogotá. La declaratoria, establecida mediante la Resolución 2043 de 2010, reconoce en esa obra valores y atributos que la sociedad considera significativos y que, por lo tanto, deben protegerse. Madriñán, en entrevista con El Colombiano, subrayó que “cuando es de conservación integral, no se puede llegar y decir: Se me dañó el piso, le voy a poner un enchape de baldosín porque ya el ladrillo no lo consigo. Eso no se permite. Porque esa es la memoria de lo que significó esa obra en el momento en que se hizo”.

La polémica estalló luego de que se difundiera en redes sociales la intervención no autorizada dentro de un apartamento del conjunto residencial diseñado por Salmona, donde se eliminó una escalera original. Lo que más preocupó a la Fundación Rogelio Salmona no fue solo la transformación del elemento arquitectónico, sino la actitud de quienes celebraron la demolición como si se tratara de un logro. En un comunicado publicado en Instagram, la entidad señaló: “Lo que resulta especialmente preocupante no es solamente la transformación de un elemento arquitectónico de una obra protegida, sino la actitud de ufanarse de haberlo eliminado, como si la destrucción de un elemento de valor patrimonial fuera un logro”.

El valor del patrimonio arquitectónico

La Fundación recordó que cualquier intervención en un Bien de Interés Cultural exige conocimiento, respeto y responsabilidad, además del cumplimiento de las disposiciones y autorizaciones establecidas para su conservación. En su pronunciamiento, la entidad invocó la Carta de Venecia, documento internacional sobre conservación del patrimonio, para respaldar su postura. “Una declaratoria de esta naturaleza reconoce en una obra determinados valores y atributos que la sociedad considera significativos y que, por ello, decide proteger. Intervenir un BIC exige conocimiento, respeto y responsabilidad, así como el cumplimiento de las disposiciones y autorizaciones establecidas para su conservación”, afirmaron.

Madriñán, por su parte, aclaró que transformar una obra para que continúe siendo habitada y responda a necesidades contemporáneas no es incompatible con su conservación, siempre que no se desconozcan los valores que justificaron la protección. “Lo que no puede aceptarse es que, en nombre de una supuesta libertad de transformación, se desconozcan los valores que justificaron su protección, y mucho menos que su alteración se convierta en motivo de orgullo”, agregó la Fundación en el comunicado. La entidad también hizo un llamado a propietarios, administradores y responsables de inmuebles patrimoniales para que asuman un papel activo en el cuidado de estas obras.

«El patrimonio arquitectónico es mucho más que materia construida. Es memoria de una sociedad, testimonio de una época y parte de la historia que una ciudad decide conservar para transmitirla a quienes vendrán».

Fundación Rogelio Salmona, comunicado oficial

La Fundación Rogelio Salmona, cuya misión es preservar, estudiar y proyectar el legado del arquitecto colombiano, también instó a las autoridades competentes a fortalecer las acciones de protección, seguimiento y control sobre los Bienes de Interés Cultural de la ciudad, en particular sobre el patrimonio arquitectónico de Salmona. “Desconocer el valor de aquello que una sociedad ha decidido proteger revela un profundo desconocimiento de nuestra historia y de lo que significa el patrimonio cultural”, concluyó la entidad en su pronunciamiento. El episodio, más que una infracción administrativa, ha puesto en evidencia la necesidad de reforzar la educación patrimonial y la vigilancia sobre las obras protegidas, para evitar que la libertad de transformación se convierta en una excusa para borrar la memoria arquitectónica de la ciudad.

Sigue leyendo