A pocos días de la primera vuelta presidencial de 2026, el nombre de Sergio Fajardo vuelve a instalarse en el centro del debate político colombiano, aunque esta vez con un matiz distinto: el exgobernador de Antioquia y dos veces candidato presidencial enfrenta su tercer intento con la promesa de que será el último si no logra llegar a la Casa de Nariño. Expertos consultados por Infobae Colombia analizaron cómo sería un eventual gobierno del líder del centro, destacando una apuesta por pactos nacionales, moderación y reconstrucción de relaciones internacionales, aunque advierten sobre riesgos de parálisis reformista y una gobernabilidad frágil en un país profundamente polarizado entre el uribismo y el petrismo.
Fajardo, quien ha basado su carrera política en un estilo de gestión por consensos, con hitos como alcalde de Medellín y gobernador de Antioquia, propone como eje de su mandato un «pacto nacional» que sería condición previa a cualquier reforma estructural. El politólogo y asesor legislativo Felipe Melo señala que esta lógica de gobernanza «tiene la virtud de reducir la conflictividad política inicial, pero entraña también el riesgo de parálisis reformista si los actores veto del sistema de partidos —el uribismo y el petrismo— se niegan a ceder terreno». En un Congreso fragmentado, esa búsqueda de consensos podría convertirse en un obstáculo para sacar adelante las transformaciones que el país requiere.
Educación como bandera y tensiones fiscales
La propuesta más emblemática de Fajardo es triplicar la inversión pública en educación, replicando el modelo de parques biblioteca que impulsó en Medellín en municipios de alta vulnerabilidad. Según Melo, «la educación pública sería el eje de identidad más visible del primer año» de un eventual gobierno. Sin embargo, el especialista advierte que «la triplicación del presupuesto educativo plantea una tensión fiscal no resuelta en su programa». Sin una estrategia clara de financiamiento, la promesa podría enfrentar serias dificultades en un contexto de estrechez fiscal. Además, el programa económico de Fajardo contempla alivios tributarios temporales para pymes y crédito preferencial, pero carece de una estrategia explícita de política industrial o diversificación productiva, lo que genera dudas sobre su capacidad para impulsar un desarrollo sostenible en un país que sigue siendo primario exportador de café, flores y banano.
En temas sensibles como salud y pensiones, el candidato de centro ha optado por una postura que Melo califica como «deliberadamente ambigua». «Su postura de no desmantelar abruptamente el sistema existente puede leerse como prudencia institucional o como falta de claridad sobre el diagnóstico. Esa ambigüedad puede resultar útil durante la campaña, pero se convierte en un déficit de conducción cuando el gobierno necesita tomar decisiones concretas», explica el politólogo. En seguridad, Fajardo propone un modelo híbrido que combina fortalecimiento del pie de fuerza en zonas urbanas con intervención social focalizada, una estrategia que genera resistencias tanto en sectores militares como en movimientos sociales.
Política exterior: recuperar la confianza de Estados Unidos y recomponer lazos regionales
En el plano internacional, el académico Camilo González Vides, de la Pontificia Universidad Javeriana, sostiene que la primera apuesta de un gobierno de Fajardo «estaría enfocada en recuperar la confianza de Estados Unidos, toda vez que sigue siendo el socio estratégico e histórico de Colombia». Esto implicaría fortalecer nuevamente la cooperación militar y antidrogas, dado que «Washington mantiene una visión muy marcada frente a la lucha contra las drogas». La relación con Venezuela sería manejada con pragmatismo: «Hay cosas que se aceptan como parte del estado actual de las relaciones internacionales y una de ellas es que existe un gobierno chavista con el cual Colombia tendría relaciones diplomáticas. Pero no sería una relación estrecha, porque el objetivo final apuntaría hacia una transición democrática y hacia un gobierno electo», explica González Vides.
Uno de los frentes más delicados será la recomposición del vínculo con Ecuador, afectado por acciones del gobierno de Gustavo Petro. «Va a existir presión de Estados Unidos para recuperar la relación con Ecuador. Sergio Fajardo buscaría recomponer ese vínculo sin afectar el acercamiento con Washington, porque Ecuador representa uno de los aliados más importantes de Estados Unidos en América Latina», detalla el académico. En cuanto a China, la estrategia sería evitar que aparezca como un socio eminentemente económico para no tensar la relación con Estados Unidos. «Lo que se buscaría es trasladar esa relación hacia temas de sostenibilidad, economía verde y transición energética, donde China hoy tiene un liderazgo mundial», añade.
«Un eventual gobierno de Fajardo estaría definido, desde sus primeros compases, por la apuesta de construir un pacto nacional como condición previa a cualquier reforma estructural. Esta lógica de gobernanza por consenso… tiene la virtud de reducir la conflictividad política inicial, pero entraña también el riesgo de parálisis reformista si los actores veto del sistema de partidos —el uribismo y el petrismo— se niegan a ceder terreno»
Felipe Melo, politólogo y asesor legislativo
La posible alianza de Fajardo con sectores de Alianza Verde, liberales independientes y alternativos sería heterogénea y con poca disciplina política, lo que podría complicar aún más la gobernabilidad. Aunque el candidato de centro aparece rezagado en las encuestas de intención de voto, su figura sigue generando debate sobre el rol del centro en un país polarizado. El análisis de los expertos sugiere que, de llegar a la presidencia, Fajardo buscaría gobernar con la lógica del consenso y la moderación que lo ha caracterizado, pero enfrentaría el desafío de convertir esas virtudes en resultados concretos sin caer en la parálisis o la ambigüedad que sus propios analistas le señalan. La pregunta que queda flotando es si el país, acostumbrado a liderazgos más confrontacionales, está listo para un estilo de gobierno que prioriza el pacto sobre la imposición.












