Ibagué le niega el estadio al América de Cali tras disturbios en Bogotá

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La violencia en las tribunas del fútbol colombiano ha tenido una nueva víctima colateral. La Alcaldía de Ibagué decidió cerrarle las puertas al América de Cali, que buscaba en el estadio Manuel Murillo Toro un hogar temporal para sus partidos como local, luego de que el estadio Pascual Guerrero resultara gravemente afectado por el terremoto del pasado 10 de agosto. La decisión, comunicada por el gerente del Instituto para el Deporte y la Recreación de Ibagué (Imdri), Felipe La Rota, se fundamenta en los graves disturbios protagonizados por hinchas del club ‘escarlata’ el sábado 22 de agosto en el estadio El Campín de Bogotá, durante el partido contra Independiente Santa Fe, que dejaron un saldo de 17 personas heridas.

Inicialmente, la administración municipal de Ibagué se había mostrado receptiva a la solicitud del América, ofreciendo el estadio Manuel Murillo Toro como sede provisional para que el equipo pudiera disputar sus compromisos. Sin embargo, los incidentes violentos registrados en la capital del país, donde se reportó el uso de armas blancas por parte de los responsables de los disturbios, cambiaron radicalmente la postura. «En estos momentos, desde la administración municipal y el Imdri, no se abrirán las puertas para que juegue América en Ibagué. Después de la situación que se vivió en Bogotá, entendiendo que una cosa es el equipo y otra la hinchada, prestar el estadio Manuel Murillo Toro no es una opción», manifestó de manera tajante Felipe La Rota.

Un drama en dos actos: el terremoto y la violencia

El América de Cali atraviesa una situación compleja. El terremoto de 7,4 grados en la escala de Richter que sacudió el Pacífico y el Eje Cafetero, dejando más de 300 fallecidos y cuantiosos daños materiales, inhabilitó por tiempo indefinido el estadio Pascual Guerrero. Un diagnóstico estructural detalló fisuras y desprendimientos en elementos verticales de la tribuna occidental, deterioro en los pedestales de concreto de los baños de la tribuna sur, desplazamiento de luminarias y el riesgo de caída de elementos desde una edificación aledaña. Como medida inmediata, se restringió el acceso a la tribuna occidental y a los palcos de la zona oriental.

Ante la urgencia de encontrar un nuevo escenario, el club recibió ofrecimientos de varias ciudades, incluyendo Manizales, Pereira, Cali y Quindío, además de Ibagué. No obstante, solo el Deportivo Cali, que juega en Palmaseca, y el Deportes Quindío, que hace lo propio en Armenia, mantuvieron sus sedes. La propuesta más concreta, la del estadio Manuel Murillo Toro en Ibagué, se vino abajo tras los hechos de violencia en Bogotá. La única opción viable para el partido del miércoles 26 de agosto contra Junior es el estadio Francisco Rivera Escobar de Palmira, pero solo para esa ocasión, y el club busca desesperadamente una sede en mejores condiciones para el resto del torneo.

«Hay un diagnóstico de todos los escenarios deportivos para mostrar la gestión, que en medio del dolor y la tragedia, venimos adelantando desde la Secretaría del Deporte. Estamos comprometidos con todos los escenarios deportivos y por supuesto, comprometidos con los deportistas de la ciudad»

Alexander Camacho, secretario del Deporte de Cali

Mientras tanto, en Cali, el secretario del Deporte, Alexander Camacho, se muestra optimista y comprometido con la recuperación de la infraestructura deportiva. «Entendemos cada necesidad y particularidad (de deportistas, dirigentes y público general), y con ello entendiendo para seguir adelantando todas las acciones que sean necesarias para volver a dar vida a nuestros escenarios», afirmó Camacho, quien lidera la evaluación de los daños en todos los escenarios deportivos de la ciudad. La situación del América de Cali refleja, en apenas dos semanas, la crudeza de un doble drama: la fuerza imparable de la naturaleza y la violencia recurrente que empaña el espectáculo del fútbol colombiano.

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