Mientras continúa la atención a los damnificados y la evaluación de miles de viviendas, la capital de Caldas avanza hacia la recuperación de sus vías, el regreso a clases, la reapertura del Centro y la preparación de la reconstrucción.
La experiencia acumulada en prevención y gestión del riesgo aparece como un factor diferenciador en la respuesta a la emergencia

Por SAMUEL SALAZAR NIETO
Manizales todavía está en emergencia. Hay familias damnificadas, miles de viviendas afectadas, edificaciones que deberán ser demolidas, sectores del Centro con restricciones y cerca de 2.500 solicitudes de evaluación estructural pendientes.
Pero el panorama de la ciudad, cinco días después del sismo del 10 de agosto, empieza a mostrar un cambio de etapa.
La atención ya no está concentrada únicamente en responder a las consecuencias inmediatas del terremoto. Mientras continúan las evaluaciones y la asistencia humanitaria, la ciudad empieza simultáneamente a despejar vías, preparar la recuperación del Centro, organizar el regreso a clases, entregar auxilios de arrendamiento, determinar qué familias pueden regresar a sus viviendas y diseñar las primeras acciones para la reconstrucción.
El más reciente balance de la Alcaldía de Manizales muestra precisamente esa transición.No significa que la emergencia haya terminado. Significa que Manizales empieza a pasar de la respuesta inmediata a la recuperación.
Una operación que todavía es enorme
Las cifras permiten dimensionar el desafío.
Las solicitudes para evaluar viviendas y establecimientos llegaron a 4.271. Hasta el último balance se habían realizado 1.737 visitas, mientras permanecían alrededor de 2.500 solicitudes pendientes.
Para atenderlas están trabajando 160 ingenieros, que deben realizar evaluaciones cada vez más detalladas debido a las condiciones encontradas en algunas edificaciones.
La cifra de damnificados se mantiene cercana a las 4.000 personas.
El reporte registra además 3.900 viviendas parcialmente afectadas y 2.700 con afectación total, mientras 481 establecimientos comerciales presentan afectaciones críticas o de alto impacto.
Es decir, la dimensión de la emergencia continúa siendo considerable.
La diferencia comienza a estar en la fase que viene.

Del escombro a la recuperación del espacio urbano
Uno de los cambios más visibles está ocurriendo en las calles.
La operación cuenta con 900 unidades de Policía, 90 integrantes del Ejército, 275 personas dedicadas al retiro de escombros y 71 puntos de recolección apoyados con maquinaria amarilla.
El balance municipal señala que ya existe una reducción significativa de escombros en las vías.
Ahora comienza otra tarea mucho más compleja: intervenir y demoler edificaciones en ruina total, especialmente aquellas que representan peligro para estructuras vecinas o que impiden recuperar completamente la movilidad.
Es quizás una de las imágenes que mejor explica el momento actual de Manizales.
Primero fue atender la emergencia.
Ahora hay que recuperar la ciudad.
El Centro comienza a prepararse para volver
La carrera 23 y sus alrededores están entre las zonas prioritarias.
Allí avanzan evaluaciones para facilitar el regreso de los comerciantes. En algunas edificaciones será necesario retirar fachadas y elementos que quedaron sueltos y representan riesgo antes de permitir nuevamente el acceso.
La Alcaldía trabaja además con propietarios y compañías de seguros para acelerar las demoliciones de inmuebles en ruina que afectan la movilidad o amenazan edificaciones vecinas.
La meta es habilitar progresivamente diferentes cuadras del Centro durante la próxima semana, aunque la zona de la Catedral tendrá un tratamiento diferente por su situación estructural particular.
La Catedral recibió precisamente una evaluación especializada, mientras también fueron revisadas las iglesias de Chipre, La Asunción, El Carmen, Redentoristas, Fátima, Cristo Rey y Agustinos.

La atención se mueve hacia los barrios
La recuperación tampoco está concentrada exclusivamente en el Centro.
Se adelantaron evaluaciones en La Avanzada y comenzó una intervención conjunta en El Carmen. También están previstas visitas y trabajos en Galán, Sierra Morena y sectores vecinos.
Paralelamente funcionan comisiones de habitabilidad.
Su tarea resulta determinante para la siguiente fase: establecer cuáles edificaciones ofrecen condiciones para que sus habitantes puedan regresar en el menor tiempo posible.
Es otro paso de la emergencia hacia la normalización: determinar quién puede volver a casa y quién necesitará una solución temporal o definitiva.
Comienzan los auxilios de arrendamiento
La atención a los damnificados entra igualmente en una nueva etapa.
Durante la jornada fueron incorporados cerca de 400 registros al Registro Único de Damnificados y se anunció el comienzo de la entrega de los auxilios de arrendamiento.
Los beneficiarios recibirán información en sus celulares para acercarse a la Cruz Roja y obtener el subsidio correspondiente al primer mes de arrendamiento, junto con la ayuda humanitaria.
El proceso continuará durante la próxima semana para las familias que cumplan los requisitos establecidos.
El regreso a clases, otro signo de normalización
La infraestructura educativa también sufrió el impacto del terremoto.
El balance mantiene afectaciones en 16 instituciones privadas y 24 públicas.
Sin embargo, está previsto el retorno a clases el martes. Dos instituciones públicas no podrán recibir estudiantes en sus propias sedes: el Liceo Isabel la Católica y el Colegio Libertador de La Cabaña.
Sus alumnos serán atendidos en otras instituciones y tendrán transporte escolar para llegar a las sedes asignadas.
El regreso a las aulas será otro indicador de una ciudad que intenta recuperar progresivamente su cotidianidad.
Cable Aéreo: volver a la normalidad, pero primero la seguridad
Ese proceso de normalización tuvo, sin embargo, una novedad durante la noche.
La reapertura de las Líneas 1 y 2 del Cable Aéreo, que había sido anunciada, tuvo que ser aplazada.
Durante las pruebas rutinarias de vuelo se detectó una fuga menor de aceite en la volante de la Estación Fundadores, situación que deberá ser intervenida antes de poner nuevamente en funcionamiento el sistema.
La Asociación Cable Aéreo Manizales decidió, por tanto, aplazar la reapertura prevista, priorizando la seguridad de usuarios y trabajadores y la confiabilidad de la operación.
El episodio resume también el criterio que deberá acompañar el retorno de la ciudad a la normalidad:
reabrir, sí; pero únicamente cuando existan condiciones de seguridad para hacerlo.
La reconstrucción ya entró en la agenda
Mientras todavía se atienden las consecuencias inmediatas del terremoto, Manizales empezó a mirar una etapa que probablemente tomará mucho más tiempo.
La Administración Municipal presentó ante el Ministerio de Vivienda su plan de atención y solicitó recursos para mejoramiento de viviendas y construcción de vivienda nueva.
Simultáneamente comenzó a estructurar un plan de reconstrucción de Manizales.
La propuesta contempla mejoramiento de viviendas, demolición de edificaciones que representen riesgo y construcción de nuevas soluciones habitacionales.
Y aparece un elemento particularmente significativo: el municipio plantea articular el proceso con el Concejo, los gremios y diferentes sectores de la ciudad para buscar mecanismos de financiación sin depender exclusivamente de los recursos de la Nación.
Una experiencia acumulada que cuenta
La rapidez con la que empiezan a coexistir atención humanitaria, evaluaciones estructurales, retiro de escombros, recuperación de vías, habitabilidad, regreso a clases, reactivación comercial y planeación de la reconstrucción permite plantear una pregunta inevitable:
¿Cuánto pesa en esta respuesta la experiencia que Manizales ha acumulado durante décadas en gestión del riesgo y atención de emergencias?
No se trata de afirmar que la ciudad resolvió la emergencia.
Mucho menos de establecer una competencia frente a las numerosas poblaciones colombianas que enfrentan consecuencias mucho más graves del terremoto.
Se trata de reconocer un elemento diferenciador.
Manizales es una ciudad acostumbrada a pensar en el riesgo. Su historia de terremotos, deslizamientos, actividad volcánica, incendios y otras emergencias ha obligado a desarrollar conocimiento técnico, instituciones, organismos de socorro, mecanismos de coordinación y una cultura de prevención que adquieren especial valor cuando ocurre una emergencia de esta magnitud.
El propio operativo actual permite observar esa capacidad de articulación: organismos de socorro, fuerza pública, funcionarios, voluntarios, ingenieros y diferentes instituciones continúan trabajando simultáneamente en los distintos frentes.
No evita los daños.
No elimina el sufrimiento de quienes perdieron sus viviendas o tuvieron que abandonarlas.
Pero sí puede reducir los tiempos entre el impacto, la respuesta, la recuperación y el comienzo de la reconstrucción.

Cinco días después
Manizales todavía tiene por delante miles de evaluaciones.
Tendrá que demoler edificaciones, reconstruir viviendas, recuperar completamente el Centro, acompañar durante meses a familias damnificadas y conseguir los recursos necesarios para una reconstrucción que apenas comienza.
Por eso sería prematuro hablar de una emergencia superada.
Pero cinco días después del terremoto hay un cambio evidente.
La ciudad ya no está solamente reaccionando al desastre.
Está empezando a reconstruirse.
Y en medio de una tragedia que golpeó a buena parte de Colombia, la experiencia acumulada por Manizales en prevención, gestión del riesgo y atención de emergencias comienza a mostrar por qué prepararse antes de un desastre puede ser tan importante como responder cuando este ocurre.
sos/
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