La selección Colombia que disputará el Mundial de 2026 lleva en sus raíces la huella del conflicto armado. De los 26 jugadores convocados por Néstor Lorenzo, nueve de ellos, equivalentes al 35 por ciento de la nómina, nacieron en municipios clasificados por el Estado como zonas PDET o ZOMAC, categorías que agrupan a los territorios más golpeados por la guerra, la economía ilícita y el abandono institucional. Así lo reveló un informe del portal Rutas del Conflicto, publicado tras el anuncio oficial del entrenador argentino el pasado lunes 25 de mayo, a menos de un mes del inicio de la cita orbital que arrancará el jueves 11 de junio en Estados Unidos, México y Canadá.
Entre los futbolistas que provienen de estas zonas críticas destacan nombres como Dávinson Sánchez, Daniel Muñoz, Richard Ríos, Jhon Arias, Carlos Andrés Gómez, Jhon Córdoba, Yaser Asprilla, Luis Díaz y Juan Fernando Quintero. De ellos, cinco nacieron en municipios que simultáneamente están catalogados como PDET y ZOMAC, una doble condición que refleja la profundidad del conflicto en esos lugares. Es el caso de Daniel Muñoz, oriundo de Amalfi (Antioquia), y Richard Ríos, nacido en Vegachí (Antioquia), ambos producto de un entorno donde las oportunidades escasean. El departamento de Antioquia aporta seis jugadores a la convocatoria, igual que Valle del Cauca, mientras que Chocó, el departamento con mayor índice de pobreza multidimensional del país, contribuye con tres: Jhon Arias (Quibdó), Carlos Andrés Gómez (Quibdó) y Jhon Córdoba (Istmina).
El camino de la superación
El origen de estos jugadores no es una coincidencia. Daniel Muñoz, lateral derecho del Crystal Palace de Inglaterra, recordó en 2024 las dificultades que enfrentó para llegar al fútbol profesional. “En mis principios no fue nada fácil. Llegué a Águilas Doradas con 21 años, una edad tardía. Antes de ese equipo me tocó hacer prueba en 12 o 15 equipos a nivel nacional e internacional donde la puerta no se abrió”, declaró. Su historia es un reflejo de la resiliencia que caracteriza a muchos de sus compañeros. Juan Fernando Quintero, aunque nació en Medellín, creció en la Comuna 13, una de las zonas de conflicto urbano más emblemáticas de la ciudad, donde perdió a su padre cuando era niño y sobrevivió a la Operación Orión. Otros tres jugadores, como Campaz, Montero y Ditta, nacieron a más de cien kilómetros de la capital de su departamento y provienen de municipios PDET o ZOMAC.
Una nómina que habla del país
El análisis de Rutas del Conflicto también revela que el 42 por ciento de los convocados no nació en la capital de su departamento, una cifra que subraya la dispersión geográfica del talento colombiano. Además, el 92 por ciento de los jugadores debutó profesionalmente en Colombia; solo Álvaro Montero y el propio Richard Ríos lo hicieron en el exterior. Colombia cuenta con 170 municipios PDET y 344 ZOMAC, categorías creadas por el Estado para priorizar la inversión en las regiones más afectadas por la violencia. Que nueve de los 26 elegidos para representar al país en la máxima cita del fútbol provengan de esos territorios es un dato que trasciende lo estadístico: es un testimonio de cómo el deporte se convierte en una vía de escape y superación para quienes crecen en medio de la adversidad.
La noticia llega cuando la selección ultima los detalles para su participación en el Mundial, con la expectativa de repetir o mejorar la histórica actuación de 2014. Detrás de cada jugador hay una historia de lucha, y el informe de Rutas del Conflicto recuerda que el balompié colombiano no solo se forja en las grandes ciudades, sino también en los rincones donde la guerra dejó cicatrices profundas.
«En mis principios no fue nada fácil. Llegué a Águilas Doradas con 21 años, una edad tardía. Antes de ese equipo me tocó hacer prueba en 12 o 15 equipos a nivel nacional e internacional donde la puerta no se abrió»
Daniel Muñoz, lateral derecho del Crystal Palace y seleccionado colombiano, en 2024.












