Aterciopelados celebró en Bogotá los 30 años de ‘La Pipa de la Paz’ ante 10.000 personas

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La noche del 30 de octubre de 2026, el Movistar Arena de Bogotá se convirtió en el epicentro de una celebración histórica para el rock colombiano: Aterciopelados conmemoró el 30 aniversario de su emblemático álbum ‘La Pipa de la Paz’ ante más de 10.000 almas que corearon cada verso. Andrea Echeverry y Héctor Buitrago, los pilares de la banda, no solo ofrecieron un concierto; protagonizaron un ritual colectivo que inició de manera poco convencional, caminando entre el público antes de subir al escenario, rompiendo la barrera entre artistas y seguidores desde el primer instante.

El espectáculo, que arrancó puntualmente a las 9:00 p.m., repasó las canciones que marcaron a toda una generación, desde ‘Bolero falaz’ —tema de 1995 del disco ‘El Dorado’ que desató la mayor euforia de la noche— hasta ‘Baracunatana’, ‘Rompecabezas’, ‘Florecita rockera’, ‘Expreso Amazonía’, ‘No necesito’, ‘En la ciudad de la furia’ y, por supuesto, la pieza que da nombre al álbum, ‘La pipa de la paz’. Pero la velada no fue solo un viaje al pasado: la banda invitó a diversas figuras de la música y el entretenimiento para sumarse a distintas interpretaciones, tejiendo un puente entre generaciones y géneros.

Entre los invitados destacaron la cantante chilena Ana Tijoux, el exlíder de La Ley Beto Cuevas, el cantautor colombiano Manuel Medrano, la artista Martina la Peligrosa, el músico Marco Fariñango, la actriz Cony Camelo y la cantante Briela Ojeda. Cada uno aportó su sello a las canciones, enriqueciendo un repertorio que se sintió tan vigente como hace tres décadas. Beto Cuevas, desde el escenario, expresó su agradecimiento: “Buenas noches, Bogotá, muchas gracias por esta invitación”, mientras que Martina la Peligrosa, visiblemente emocionada, dedicó unas sentidas palabras a la banda: “Te voy a decir una cosa quiquita chiquita: mi niña de 10 años no se hubiera creído esta vaina nunca jamás. El Carito, Lorica, tres hermanos rockeros oyendo Aterciopelados. Gracias por hacernos soñar”.

Entre la música, la crítica y la esperanza

Andrea Echeverry no solo cantó; también usó el micrófono para reflexionar sobre el contexto actual, vinculando las letras de ‘La Pipa de la Paz’ —lanzado en 1996— con la realidad que atraviesa el país y el mundo. Con su característica sinceridad, la cantante afirmó: “Cantando en La pipa de la paz esta noche con ustedes. Y pensar, pensar en las cosas que se dicen en La pipa de la paz, en momentos tan terribles, tan violentos”. Su discurso se tornó aún más directo cuando, sin titubeos, mencionó la llamada lista Epstein, provocando risas y una ovación entre los asistentes: “Marica, porque la lista Epstein, ¿qué es esa mierda? O sea, como que el poder estuviera asociado además con la hijueputez. O sea, tenaz”.

Sin embargo, la energía de la noche no se quedó en la denuncia. Echeverry también invitó a la reflexión y a la conexión con la naturaleza, proponiendo un gesto simbólico de resistencia: “Así que pensemos en danzar la danza de la lluvia y en hablar con la naturaleza. Y como las cosas están tan terribles, les traemos su talismán. Vuela, estrella, para cada uno de los que está aquí esta noche”. La cantante no dejó de lado su agradecimiento hacia el público: “Agradezco cada boletica, a los que vinieron de lejos y a los de cerca también”.

El cierre del concierto fue un momento particularmente emotivo, cuando varias mujeres y niñas subieron a la tarima junto a Andrea Echeverry, simbolizando la continuidad de un mensaje que trasciende generaciones. Con un repertorio que combinó nostalgia y vigencia, Aterciopelados demostró que ‘La Pipa de la Paz’ no solo fue un disco, sino una declaración de principios que, treinta años después, sigue encontrando eco en los corazones de quienes creen en la música como vehículo de cambio.

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